Me sorprende ver como muchas personas que se sienten
vacías, tristes, decepcionadas, recurren a internet para decir quiero morir, me quiero quitar la vida. Pero
más me sorprende que vean en suicidarse la mejor manera de resolver los
conflictos externos o internos que se les presentan.
Nos podemos encontrar con diferentes opiniones al
respecto, algunas personas lo ven como una solución cómoda, quitarse del medio
es la forma más rápida y fácil de acabar con el sufrimiento de un plumazo.
Otras lo definen como una respuesta de cobardes, y la
critican por ver a la persona como que no es capaz de enfrentarse a la
situación y buscar formas alternativas de solución para salir adelante.
Para otras, el suicidio es un reflejo de un acto que
requiere una enorme fuerza y valentía, pues la persona se desprende de todo lo
que ha conseguido a lo largo de su vida, se desprende de su vida.
Sean unas u otras las críticas que se hacen a este
hecho, lo cierto es que las personas que se encuentran en esta tesitura les
envuelve un profundo sufrimiento, un profundo vacío, fruto de un trastorno
mental que se caracteriza por distorsiones cognitivas que les impiden ver la
realidad de manera adecuada y sentirse responsables de buscar otras posibles
soluciones al sufrimiento.
Las conductas suicidas a menudo ocurren como respuesta
a una situación que la persona ve como abrumadora, tales como el aislamiento
social, la muerte de un ser querido, un trauma emocional, enfermedades físicas
graves, el envejecimiento, el desempleo o los problemas económicos, los
sentimientos de culpa, y la dependencia de las drogas o el alcohol.
Pero ante esto, nos podemos preguntar qué es lo que
hace que ante las mismas situaciones desestabilizadoras que pueden llevar a unas
personas a decidir acabar con su vida, otras decidan enfrentarse a ellas y
buscar otras soluciones alternativas a la conducta suicida.
Surge en este punto el concepto de resiliencia, que en los seres humanos es
la capacidad para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y ser transformado
positivamente por ellas (Groterberg, 1996).
Aprender a fortalecer la resiliencia podría verse como
un mecanismo de defensa de la vida en contra de la muerte como solución.
Consejos para fortalecer la
resiliencia:
·
Establezca relaciones — Es importante establecer buenas relaciones con
familiares cercanos, amistades y otras personas importantes en su vida. Aceptar
ayuda y apoyo de personas que lo quieren y escuchan, fortalece la resiliencia.
Algunas personas encuentran que estar activo en grupos de la comunidad,
organizaciones basadas en la fe, y otros grupos locales les proveen sostén
social y les ayudan a tener esperanza. Ayudar a otros que le necesitan también
puede ser de beneficio para usted.
·
Evite ver las crisis como obstáculos insuperables — Usted no puede evitar que ocurran eventos que
producen mucha tensión, pero sí puede cambiar la manera como los interpreta y
reacciona ante ellos. Trate de mirar más allá del presente y piense que en el
futuro las cosas mejorarán. Observe si hay alguna forma sutil en que se sienta
mejor, mientras se enfrenta a las situaciones difíciles.
·
Acepte que el cambio es parte de la vida — Es posible que como resultado de una situación
adversa no le sea posible alcanzar ciertas metas. Aceptar las circunstancias
que no puede cambiar le puede ayudar a enfocarse en las circunstancias que sí
puede alterar.
·
Muévase hacia sus metas — Desarrolle algunas metas realistas. Haga algo
regularmente que le permita moverse hacia sus metas, aunque le parezca que es
un logro pequeño. En vez de enfocarse en tareas que parecen que no puede
lograr, pregúntese acerca de las cosas que puede lograr hoy y que le ayudan a
caminar en la dirección hacia la cual quiere ir.
·
Lleve a cabo acciones decisivas — En situaciones adversas, actúe de la mejor manera
que pueda. Llevar a cabo acciones decisivas es mejor que ignorar los problemas
y las tensiones, y desear que desaparezcan.
·
Busque oportunidades para descubrirse a sí mismo — Muchas veces como resultado de su lucha contra la
adversidad, las personas pueden aprender algo sobre sí mismas y sentir que han
crecido de alguna forma a nivel personal. Muchas personas que han experimentado
tragedias y situaciones difíciles, han expresado tener mejoría en el manejo de
sus relaciones personales, un incremento en la fuerza personal aun cuando se
sienten vulnerables, la sensación de que su autoestima ha mejorado, una
espiritualidad más desarrollada y una mayor apreciación de la vida.
·
Cultive una visión positiva de sí mismo — Desarrollar la confianza en su capacidad para
resolver problemas y confiar en sus instintos, ayuda a construir la
resiliencia.
·
Mantenga las cosas en perspectiva — Aun cuando se enfrente a eventos muy dolorosos,
trate de considerar la situación que le causa tensión en un contexto más
amplio, y mantenga una perspectiva a largo plazo. Evite agrandar el evento
fuera de su proporción.
·
Nunca pierda la esperanza — Una visión optimista le permite esperar que ocurran
cosas buenas en su vida. Trate de visualizar lo que quiere en vez de
preocuparse por lo que teme.
·
Cuide de sí mismo — Preste atención a sus necesidades y deseos. Interésese en actividades
que disfrute y encuentre relajantes. Ejercítese regularmente. Cuidar de sí
mismo le ayuda a mantener su mente y cuerpo listos para enfrentarse a situaciones
que requieren resiliencia. Formas adicionales de fortalecer la resiliencia le
podrían ser de ayuda. Por ejemplo, algunas personas escriben sobre sus
pensamientos y sentimientos más profundos relacionados con la experiencia
traumática u otros eventos estresantes en sus vidas. La meditación y las
prácticas espirituales ayudan a algunas personas a establecer relaciones y
restaurar la esperanza.”
Lo cierto es que no son las diferentes situaciones que
van apareciendo a lo largo de nuestra vida las que nos llevan a dar el mal paso
de sacarnos la vida para dejar de sufrir, sino que es la interpretación y el
modo de afrontar cada una de ellas lo que hace que nos sintamos más o menos
capaces de valorar la vida ante todo.
Adquiere así enorme importancia el sentido de
responsabilidad sobre nuestros sentimientos. Que nos sintamos tristes,
desgraciados, enfadados con el mundo, luchadores, depende de cómo nos narremos
lo que está sucediendo a nuestro alrededor, de cómo dejemos que manipule lo más
valioso que tenemos, nuestra vida.
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