Quieres que cambie para que
las cosas les vaya mejor, no ayudas nunca en casa, si tú fueras de otra manera
yo no sería tan infeliz… Eres tú, tú y tú! Y lo que hace más complejo, e
incluso yo diría absurdo todo, es que nos lo acabamos creyendo.
Ya bien dice el refrán que
es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio. Nuestra
mirada fácilmente se centra en defectos, fallos, y todo lo que hace el otro,
pero en nosotros la dificultad es mayor. Nos es más cómodo culpabilizar al otro
de nuestros males que aceptar que nosotros también nos podemos equivocar.
Pero, ¿qué implica
culpabilizar o responsabilizar al otro? Por un lado nos convertimos en personas
pasivas, dependientes. En la medida en que hagamos al otro responsable de
nuestra felicidad, le damos un mayor poder sobre nuestra vida. Yo no puedo
hacer nada por buscar mi bienestar. ¿Es cierto?
Por otro, ese tirar piedras
sobre el tejado ajeno, más que hacer que la otra persona cambie, lo que produce
es un distanciamiento. Si siempre me estás atacando, yo no voy a acercarme a
ti, sino que me pondré a la defensiva porque he de evitar las piedras que me
lanzas. ¿Conseguimos así el efecto deseado?
Sería muy fácil poder tener
una varita mágica que nos permitiera cambiar al otro a nuestro gusto, pero eso
no depende de nosotros. Lo que sí está en nuestra mano es asumir la
responsabilidad de ¿qué puedo hacer yo por cambiar lo que me está causando
malestar? Es fundamental modificar la mirada. Mirar al otro desde el amor,
respeto y aceptación de su ser, con ello es como se obtiene el propio respeto y
aceptación individual que pedimos.
Y después comenzar a hablar
desde mí y no de ti. Más que el siempre recurrido “eres tal o cual”, que puede
llegar a resultar ofensivo, mostrar a la otra persona que aquello que expreso
es mío: mis sentimientos (“Yo me siento mal”), mis opiniones (“Yo opino
que...”) y mis deseos y preferencias (Me gustaría que...”), a causa de algo que
ha sucedido. Esto garantiza que haya una mayor predisposición a que la otra
persona nos escuche, se acerque y actúe con mayor libertad. Y el cambio que se
produzca será más efectivo.
Al final, la decisión última
está en nosotros. No te puedo cambiar y hacer culpable de mis problemas, pero
sí puedo y debo decirte como me siento y hacerme responsable de las decisiones
que tome en búsqueda de mi bienestar personal.


