Es bastante frecuente escuchar en personas que acuden a pedir
ayuda psicológica frases como “no quiero sentirme así”, “no puedo hacer nada
por evitar…”, etc. Y es justo la interiorización de esa narrativa la que
dificulta la recuperación.
En ocasiones, luchar contra lo que sentimos, más que ayudar genera
una mayor frustración pues no conseguimos el cambio deseado, dando lugar a un
aumento del malestar y sufrimiento.
Queremos sentirnos bien, si, y el primer paso para iniciar la
sanación es reconocer y aceptar nuestros sentimientos. Hasta que no tocamos el
fondo con el pie, no estaremos en disposición de coger impulso para alcanzar la
superficie y respirar.
¿Qué sucede cuando te digo que no pienses en un elefante
amarillo? Lo primero que te viene a la mente es un elefante amarillo. No puedes
evitarlo. Lo mismo sucede con la tristeza, la rabia, la ansiedad,…. Están ahí,
y al negarlas lo que conseguimos es que crezcan y crezcan, llegando a
arrastrarnos con ellas.
Queremos vivir y nos olvidamos de convivir. De lo que se trata
es de aprender a convivir con todas las clases de sentimientos. Porque están
los que nos producen malestar, pero también los que generan bienestar. Ambos forman
parte de la realidad humana.
Reconocer, aceptar, permitir que los sentimientos y
pensamientos que vuelven nuestra vida gris fluyan, y centrar la atención en las
diferentes formas de darle color. Así conseguiremos que pierdan su valor, podamos
ver la vida desde otra óptica y tengamos fuerza para ir en la dirección
adecuada.

